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Crónica de un español afincado en Roma.
Cuenta el ambiente en la ciudad romana y en el Vaticano durante los últimos días del Papa
En las calles de Roma
ESCRIBE Alex Ayxelá, tiene 29 años, es Ingeniero Industrial por la ETSEIB (UPC), ha trabajado dos años en la IESE Business School en Barcelona, y vive en Roma desde el septiembre de 2002. Actualmente trabaja en un despacho con otros ingenieros, en la misma ciudad de Roma.
Carissimi tuti:
Estamos viviendo un momento histórico: se me agotan los adjetivos. Tengo, estoy teniendo, la suerte de vivirlo en Roma, y me queda claro que no puedo quedármelo para mí solo.
Sois ya unos cuantos los que me habéis pedido una crónica “in situ” de lo que está pasando en Roma (y los que no, supongo que no os importarán unas líneas “en directo”). El ritmo es tan intenso que no encuentro un momento de pararme y escribiros… ahora mismo, me iría hacia el Vaticano simplemente “para ver”, porque lo que está pasando es “demasié p ‘al body”. Oigo de lejos los helicópteros… esta tarde llega Bush.
Claramente Italia es mucho Italia: estoy alucinando del nivelón mostrado, por el saber estar a la altura, tanto de los políticos (sí, he dicho políticos) como de la gente de a pie. Sí, sobre todo la gente de a pie, con la compartes cola y apretones… y rezas juntos también. Empiezo en plan cronológico…
Jueves, parece que la salud del Papa empeora… la gente se empieza a “plantear cosas”. Por lo pronto la RAI decide que, por respeto, no va a poner anuncios (imaginaos el pastón….) y se marca un programa extra “en honor del Papa”.
Viernes. Como la cosa parece que empeora, me voy a la plaza de San Pedro después de cenar (aquí se cena prontísimo, 19.30h). No podemos llegar al Vaticano: todo bloqueado, los coches ni se mueven… ¡pues andando! En Castel Sant’Angelo hay ya un circo mediático: han aparecido cantidad de periodistas y están montando sus plataformas… en las maletas se les ve todavía la típica etiqueta de embarque del avión. Via della Conciliazione es un río de gente, gente normal, romanos de toda la vida, que va a San Pedro. Es como si un gran imán atrajera a todos. Gran expectación, silencios, rosarios en la mano. Al llegar, plaza bastante llena, algunos de rodillas.
Rezamos una parte del Rosario mirando a la ventana de arriba, y al acabar “descubrimos” que a las 21h se rezarán por los altavoces los misterios de la Luz, instituidos por el Papa, para encomendar al Santo Padre. La gente reza con pausa, muy sentida. Me hubiese quedado mucho más rato… era como estar en familia.
Me entero que el presidente del Parlamento, al enterarse del agravamiento, ha suspendido la sesión a las 18h, y ha propuesto a los parlamentarios ir a rezar el rosario a la capilla. Después, muchos han participado en la misa en San Juan de Letrán a las 20h, oficiada por el Cardenal Vicario de Roma, para pedir por el Santo Padre: llenazo. La Rai lo da en directo: han suspendido toda la programación en las tres cadenas: TG (telegiornale continuo y programas con invitados).
Sábado: Se programa otro rosario en la plaza, para las 21h. ¡Allí estuve! Mucho más llena que el día anterior. Mucha gente ha empezado a venir espontáneamente a lo largo de la tarde. Se ven familias, gente mayor, grupos de jóvenes, monjitas de diversas órdenes (y colores), grupos de boy-scouts uniformados, turistas que hacen fotos no de los edificios, sino ¡de la gente rezando! y también bastantes periodistas con cámaras a cuestas en busca de fotos e imágenes para sus medios respectivos.
>Volvemos a la plaza. Lleno de gente “de la del metro”, o sea, hay “equipos de monjas”, hay turistas… pero hay muchos romanos “de la calle, de a pie”. Al empezar nos dicen más o menos: “Cuando un padre está muriendo, los hijos corren a estar a su lado; cuando un padre muere, los hijos se arrodillan a su lado. Vamos a rezar para acompañar a Juan Pablo II”. La plaza está muy llena. La mirada se va de la ventana (luz apagada) de la habitación del Papa, a la imagen de la Virgen (que hizo poner JP II). Fue un rosario especial. Era como estar junto a la cama del Papa. Entre misterio y misterio se cantaba el conocido Ave María de Lourdes, respondiendo a una estrofa que pedía por el Papa. Estoy convencido que nos tenía que oír. Al acabar, nos piden silencio, hay muchos jóvenes que han estado cantando toda la tarde. Me doy una vuelta por la plaza: aquí no se mueve nadie, las miradas van a lo alto, la gente sigue rezan do. Silencios. Al poco, por sorpresa, dicen, “vamos a seguir rezando por el Papa” y sin anunciar nada, el locutor empieza a rezar avemarías. Me fijo que la luz de la habitación del Papa se ha encendido. (“Tío, ha pasado algo, ¿eh?”). Seguían las avemarías, de repente un gloria, y se pone un cardenal al micrófono (son las 21.5ypico) y nos anuncia que “a las 21.37 el Santo Padre ha marchado al encuentro del padre Celestial. Cristo ha resucitado!, aleluya aleluya!…” y entona el canto de la “Salve Regina”: la plaza empieza a cantarlo… y vamos cayendo de rodillas uno tras otro: impresionante!!!!!! Una ola gente que va arrodillándose. Se oyen lágrimas, gente abrazada, y todos, de verdad, como muy contentos. Son momentos en los que no sabes qué hacer, más que mirar hacia arriba… y hacia el resto de la plaza. A Juan Pablo II le encantaban los detalles (fechas de los documentos, escribir a los sacerdotes el Jueves Santo, visitar tal sitio en una fecha determinada, regalar tal imagen tal día…): Qué mejor día se os puede ocurrir:
-sábado: día de la virgen (TOTUS TUUS: era el lema de su Pontificado).
-octava de Pascua; litúrgicamente, la semana más festiva de todo el año.
-víspera de la fiesta de la Divina Misericordia, por él querida y establecida, a pesar de algunas reticencias.
¡¡¡Mejor imposible!!! ¿Hay acaso modo mejor de decirnos: “alegraos, que he llegado a la meta”? Dios suele tener estos detalles con sus “amigos”.
Personalmente me impresionó especialmente esa “ola de gente arrodillándose”: primero hay uno que se arrodilla, luego otro, un poco más tarde otro, y luego muchísimos. Así ha ocurrido con la vida del Papa: él nos ha dado ejemplo… y ahora somos tantos que queremos seguirle. Por poner un ejemplo: los clásicos vendedores ambulantes (ésos que venden gafas de sol y minutos después venden paraguas) ahora venden… rosarios. No es difícil durante estos días por la plaza ver que muchísima gente lleva uno entre sus manos… y , dan la franca impresión de estar utilizándolo.
Lo que está claro es que la gente aquí en Roma está cambiando. Se nota mucho en las entrevistas por la tele (siempre es lo mejor de los Telediarios, ya tengo experimentado que los italianos tienen una labia especial y un desparpajo alucinante desde su más tierna infancia). Pues estos días, todavía más. Un botón de muestra: una chica, 15-20 años, entrevistada por la zona el lunes, sin ningún rubor, decía: “yo a este Papa no le he hecho caso. Lo oía de lejos, pero ahora me doy cuenta de que me lo he perdido. Sé que ha buscado mucho a los jóvenes, que ha hecho tantas cosas por nosotros… me doy cuenta ahora”. Sin palabras.
El domingo estuve en la plaza otra vez. Santa Misa a las 10.30. Como sabréis, el cuerpo no se pudo ir a visitar hasta el lunes por la tarde. Hubo algunos que lograron “colarse” el lunes por la mañana en la famosa sala Clementina. Otros fueron ese lunes por la noche: estuvieron 4 horas de cola… “pero ha valido la pena”.
Mi táctica fue diversa, me fui a la cama, y me levanté el martes a las 4 AM, esperando que se hubiera despejado la cola inicial y todavía no hubiera llegado mucha gente. Claramente no fui el único en pensar así: a las 5 AM (abrían a esa hora), la cola llegaba casi a la mitad de Vía della Conciliazione. Al llegar a cola, unas señoras de mediana edad que decían: “¿y todos estos también irán a trabajar?” Mucha gente de Roma pensó lo mismo: o ahora o nunca. Recuerdo tanto niños con la cartera al hombro… para ir luego al cole, como personas mayores. En la fila se rezaba.
Algunos grupos más numerosos rezaban en grupo, los demás, lo que podíamos. Sobre todo, silencio y paciencia. Una señora rodeada de 5 ó 6 chavales, con la cartera del más pequeño a la espalda, les decía (a mitad de plaza, entre la basílica y el obelisco): “Ragazzi, zitti, che siamo per intrare in chiesa”. Chicos, en silencio que vamos a entrar en la Iglesia. (Me salió bien la jugada: en 1h 50 pasaba por delante del cuerpo de Juan Pablo II, el récord por lo que he oído estos días). No puedo describir el momento: pasas muy rápido y te sabe mal detenerte (haces esperar a todos los que tienes detrás), quieres “amortizar la espera”… pero pasas por ahí en un suspiro.
Le dije algo así como: “en nombre de tantos que no pueden venir: Beatísimo Papa nostro: ¡Gracias por todo… y reza por nosotros!”
Desde entonces, supongo que lo habréis visto en TV, la cola y los tiempos no han hecho más que aumentar. Sin embargo el comentario es común: “ha valido la pena”. Hoy miércoles, alguno que ha intentado repetir “mi plan de las 4 AM”, ha tenido que invertir cerca de 14h. Pero también han vuelto felices: “ha valido la pena” me decían.
Y para el viernes… no sabemos la que nos espera. Es inimaginable. Roma se prepara (no hay colegios, han prohibido el tráfico…) pero es que son unas dimensiones que no nos podemos hacer a la idea. Por mi parte, me parece que no me puedo quedar en casita… pero es que ni saliendo a las 4AM pienso que llegue siquiera a estar al otro lado del río… Uno se conforma con el “I was there (well, more or less)”…
Veremos.
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