
Madame Bovary
de Gustave Flaubert (1856). Novela realista, con tintes naturalistas, que en su momento escandalizó su publicación en Francia y su autor fue denunciado por mostrar una historia escandalosa. Es la historia de una joven que de tanto leer novelas rosas creyó que el mundo era una novela sentimental. Y así anduvo buscando su príncipe azul. Se casó creyendo encontrarlo pero, claro, la vida no es de color rosa, así que siguió buscando consuelos en una falsa espiritualidad, en unos falsos amantes. Mientras iba dejando pasar la vida, arruinando a su familia, despreciando a su hija recién nacida y torturando a su enamorado esposo. Y como un corazón egoísta no tiene fondo terminó por arruinar todo lo que tocaba, incluida su propia vida con un final desolador. Algunos compararon los sueños de Emma con los de Alonso Quijana… La “pequeña” diferencia es que mientras el inolvidable hidalgo castellano dedicó su vida a un ideal altruista -« Caballero soy armado, que corre el mundo para desfacer agravios y enderezar entuertos, y no podría sin esta mi lanza, en cuya punta está el hierro de la justicia, y sin esta espada que me sirve, y la paz de Dios sea con todos. »- la pobre Madame Bovary la dedicó a satisfacer su propio ideal que es ella misma, sus caprichos y egoísmos. Algo que hoy está más de moda que los sueños de Don Quijote.